María G. Navarro

Consistencia cognoscitiva

In Propositional and Doxastic Justification on 20 January, 2013 at 9:19
China & varia 519

Fotografía de María Navarro, Museo de Guangzhou, China

Nuestras creaciones nos juzgan, es cierto, ya lo decía Octavio Paz. Y lo hacen tanto como la actualidad política juzga la importancia de investigaciones en el campo de los estudios sobre razonamiento ordinario, el que utilizamos todos nosotros en nuestra vida cotidiana. Esa vida cotidiana nos enseña a distintos niveles (el político, el laboral, el familiar, etc.) y en distintos momentos que las cogniciones disonantes impiden el bienestar.

Si las teorías sobre la consistencia cognoscitiva son ciertas, en los últimos meses muchas personas no sólo buscan trabajo, se manifiestan en las calles o comparten sus ideas a través de las redes sociales. También luchan para mantener un estado interior de consistencia cognoscitiva.

El ser humano tiende a mantener un estado interior de consistencia que se ve amenazado por las situaciones en las que experimentamos contradicciones. Pero no es a la lógica donde quiero llegar. Una contradicción no sólo es una relación lógica entre un enunciado (‘las medidas del gobierno son justas’) y su negación (‘las medidas del gobierno no son justas’). Sabemos que las contradicciones son algo más que la relación existente entre un enunciado y su negación porque las experimentamos como vivencias. Según Leon Festinger, Jack W. Brehm y Arthur R. Cohen, dos cogniciones son disonantes si el individuo o la sociedad las vivencia como contradictorias. Y todas las situaciones de inconsistencia tienen algo en común: motivan, es decir, son movilizadoras.

Pero ¿qué sucede cuando dos cogniciones son disonantes y las experimentamos como contradictorias? Si aceptamos el modelo homeostático según el cual para los seres humanos el equilibrio es equivalente al bienestar, y éste, a su vez, equivalente al placer, la consecuencia nos parecerá evidente: en los casos de disonancia cognoscitiva, los individuos y los colectivos ponen en marcha procesos para reducir el nivel de tensión generado por la disonancia.

A partir de todo esto, parece fácil establecer el pronóstico. Los conflictos cognoscitivos sólo se resuelven en interacción con el entorno social. Eso quiere decir que una disonancia siempre surge en una situación social, no es sólo competencia de la subjetividad de un individuo o de un grupo, sino de la psicología social de un país e incluso de una época, por lo que la disonancia sólo se resuelve a través de la acción social.

La dimensión motivacional del razonamiento sobre la que han investigado autores como Richard Nisbett, Ziva Kunda, Lance J. Rips, Susan J. Hespos, Jonathan E. Adler, Jerry A. Fodor o Ronald de Sousa, pone de manifiesto que las fronteras del razonamiento defectible o no monótono (sí, ese que utilizamos en la vida ordinaria al hablar con amigos o trabajar con nuestros colegas, pero también al jugar, gastar una broma o decidir qué mermelada pongo en la cesta de la compra) son tan complejas e imprevisibles como los sistemas de razonamiento dirigido a intereses. Los estudios actuales sobre razonamiento ordinario tienen en todos nosotros al público que habrá de juzgar el valor de sus hallazgos. Y eso es una buena noticia para la ciencia.

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