María G. Navarro

Stephen Stich y Shaun Nichols

In Epistemological States and Properties, Shaun Nichols, Stephen Stich on 20 February, 2013 at 0:50

De entre todas las habilidades cognitivas que las personas manifiestan hay una que ha ejercido una radical fascinación sobre los filósofos. Es la habilidad de describir a las personas y su comportamiento atendiendo a su intención.

Stephen Stich y Shaun Nichols recordaban con razón en un artículo publicado en 1993 en la revista Mind & Language (‘Folk Psychology: Simulation or Tacit Theory?‘) que los filósofos, y la gente en general, suelen llamar a esto no solo describir sino interpretar. Todos nosotros producimos, analizamos y empleamos esas interpretaciones porque necesitamos ofrecer explicaciones sobre el comportamiento de otras personas, grupos y/o colectivos. Queremos predecir comportamientos pero también atribuir rasgos para establecer explicaciones y emitir juicios.

El término ‘folk psychology’ describe esa especie de psicología tácita con la que todos hacemos uso de las habilidades cognitivas a las que me he referido. Sin embargo, se puede precisar más aún el significado del término ‘folk psychology’ si atendemos a las controversias científicas a que ha dado lugar en las últimas décadas.

Tal y como pone de manifiesto Lynne Baker, no es fácil distinguir la folk psychology cuando ésta se entiende como una psicología del sentido común que explica el comportamiento humano (y el animal, se ha dicho) utilizando para ello en nuestras interpretaciones presuntas creencias, deseos, preferencias, esperanzas, etc. , de aquella otra folk psychology que es definida como una interpretación de estas explicaciones cotidianas en las que empleamos conceptos como creencia, deseo o miedo, por ejemplo.

Mientras que la primera acepción pone de manifiesto la existencia de un marco conceptual con ayuda del cual todos nosotros explicamos el comportamiento humano, la segunda parece invitarnos a explorar de lleno cómo se pueden interpretar nuestras explicaciones en clave folk. No es lo mismo preguntarse qué hace la gente cuando interpreta su comportamiento haciendo uso de creencias y deseos, que preguntarse: ¿es correcto?, ¿hasta qué punto es consistente ese marco conceptual para referirse a creencias o deseos populares compartidos?

No es lo mismo, pues, atribuir una creencia porque uno se proyecta sobre la situación en que se halla aquel que cree algo (Lisa, por ejemplo) en cuestión (que desea que mañana sea viernes) que atribuir esa creencia por medio de una hipótesis acerca del estado interior de Lisa. Cuando esa psicología del sentido común que usamos todos se convierte en una teoría que reclama cierto estatuto científico pasa a denominarse ‘folk psychology’. Pero que nadie piense que las distinciones y posiciones cesan llegado este punto.

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